jueves, 16 de diciembre de 2021

Iniciativa Autopublicados: El visitante de Jon Vendon

Estimados lectores:

 


El día de hoy les traigo un adelanto de
«El visitante», obra autopublicada del escritor Jon Vendon.

Les dejo la sinopsis y el primer capítulo para que se animen a probar leer esta obra, que se encuentra a un precio muy accesible y gratis para los suscriptores de Kindle Unlimited.

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📚Edición Kindle

¡No se lo pierdan!

 



Un héroe anónimo que impide un atentado en una sinagoga de Jerusalén es detenido. Los agentes Harel y Belmacher, responsables de la investigación, son incapaces de identificar al individuo, al que apodan “el visitante”; también descubren hechos inexplicables sobre el héroe: habla una lengua extinta, provoca misteriosos fenómenos y se comporta como si fuese el Hijo de Dios. ¿Quién es en realidad el enigmático visitante?



Capítulo 1: La llegada

 

 

 

Jerusalén. 25 de octubre.

 

Un hombre camina por la calle Ha-Yehudim. Es viernes por la tarde y ha comenzado a anochecer; aun así, la calle se halla muy concurrida, básicamente por la presencia de judíos ortodoxos que se dirigen a la cercana sinagoga de Hurva. A pesar de ser otoño, la temperatura es inusualmente baja para lo habitual en esa época del año en la Ciudad Santa. El hombre es moreno y de estatura media, viste un sencillo jersey verde y unos pantalones vaqueros, en la espalda lleva colgada una pequeña mochila.

Al llegar a la altura de la sinagoga deja de caminar y fija su mirada fugazmente en un edificio que tiene enfrente, a unos cien metros. Una furgoneta con los cristales tintados se detiene al otro lado de la calle, solo unos segundos, lo suficiente como para que de ella descienda un hombre de unos treinta años que se cubre con un abrigo y se dirige hacia él. Observa como agarra con su mano derecha algo parecido a un cilindro. Entonces, se interpone en su camino con rapidez.

—Hola, Ismail saluda en español al hombre del abrigo, que se quita la prenda dejando a la vista un chaleco de explosivos.

¿Quién eres? pregunta igualmente en un perfecto español.

Un judío ortodoxo con el típico sombrero roche negro de ala ancha pasa junto a los dos hombres. Se dirige a las escalinatas de la sinagoga, pero cambia de dirección mientras extrae un móvil de su americana. En cuestión de minutos la zona se hallará rodeada de policías y soldados.

—No importa quién soy, Ismail, pero lo que pretendes hacer. Tu mujer y tus hijos lloran tu abandono y te necesitan. Te esperan angustiados desde hace seis meses en Melilla.

El rostro de Ismail cambia de expresión, sus ojos denotan inseguridad.

¿Cómo sabes tantas cosas de mí? —pregunta sorprendido Ismail.

Sé lo suficiente. Ahora recuerda lo que dijo el profeta Mohamed: «Awal alhalat alty yatimu alhukm ealayha bayn alnaas fi yawm alqiamat hi halat safk aldima ('Los primeros   casos a   ser juzgados entre la gente en el Día del Juicio serán aquellos de derramamiento de sangre')».

Ismail se retira dando un paso hacia atrás.

Supongo que eres un agente del CNI (Centro Nacional de Inteligencia español).

—No, Ismail. Soy un viajero, un visitante que se ha cruzado en tu camino, pues así ha  sido  dispuesto.  Eres  un  buen  hombre.  Como  médico  has  salvado  las  vidas  de hombres, mujeres y niños, como los que hay en estos momentos en la sinagoga.

Ismail comienza a derrumbarse emocionalmente.

—Yo no quería hacerlo… Me han obligado. Si no me inmolo matarán a mi familia

—le dice Ismail, mientras unas lágrimas comienzan a brotar de sus ojos.

Escucha el ruido de vehículos que se acercan. Le parece ver movimiento en la azotea de un edificio situado a su izquierda. Con toda probabilidad ya se ha preparado un dispositivo para neutralizar al terrorista.

Se acerca a Ismail.

Confía en mí, Ismail. Nadie le va a hacer daño a tu familia.

 

Apoya su mano izquierda sobre el hombro derecho de un perplejo Ismail y lo atrae hacia él. Saca un pañuelo blanco del bolsillo del pantalón con su mano derecha y lo alza.

 

A una manzana de allí, el capitán Yosef Levi daba órdenes a los soldados israelíes para que fueran tomando posiciones. Los tiradores ya debean estar apuntando con sus rifles de precisión DAN 338 a los dos sujetos. El capitán Levi preguntó por radio en la frecuencia asignada a los francotiradores cuál de ellos tenía visión directa. El sargento Moshé Friedman le confirmó que la tenía, aunque no un disparo certero sobre el terrorista portador de los explosivos, puesto que estaba abrazado al que suponía otro terrorista.


—Capitán, el individuo que no lleva explosivos acaba de alzar su brazo derecho mostrando lo que parece un pañuelo blanco. Espero instrucciones.

Joder. ¿Qué coño me está contando sargento? ¿Qué cree que está pasando?

preguntó enojado Yosef Levi.

—En mi opinión se están rindiendo, capitán.

Sargento,  disparen  cuanto  tenga  visión  directa  sobre  el  fanático  de  los explosivos. Es una orden.

Lo siento, capitán. Ya no los tengo en mi campo de visión. Acaban de entrar en un portal.

—Mierda —espe Levi, mientras por radio escuchaba al coronel David Biton con su habitual tono intransigente. David Biton era el responsable de la sección antiterrorista del ejército israe

—Capitán, ¿por qué no han acabado aún con ese cabrón? Llevan a media hora y se puede producir una carnicería en cualquier momento.

Lo lamento, coronel. Hemos confirmado que hay un terrorista con un dispositivo manual para detonar un  chaleco de explosivos, pero hay otro individuo que se ha abrazado al terrorista, y que, según me ha informado uno de los tiradores, ha mostrado un pañuelo blanco. En cualquier caso, he dado orden de disparar, pero para entonces han quedado fuera del campo de visión de los tiradores. Han entrado en un portal.

—Capitán Levi, ordene que entren soldados al portal. Quiero que los neutralicen inmediatamente.

—David… Lo más probable es que haya residentes en el edificio. Si matamos al terrorista detonará el explosivo —dijo Yosef cuando se había alejado lo suficiente de los soldados como para que lo escuchasen.

¿Y qué propones, Yosef?

El coronel y el capitán habían servido juntos en la guerra del Líbano de 1982. Desde entonces, entre ellos se había establecido una amistad que se rompió por una mujer. El coronel, por aquel entonces teniente, mantenía una relación con una joven, Elina, que se enamoró de Yosef, con el que contrajo matrimonio. Quince años después y con dos hijos en común, Elina fue asesinada en un atentado a un autobús. Después de varias décadas las viejas rencillas habían quedado atrás.

David Biton no se había casado, siempre había amado a Elina, y su muerte le acercó de nuevo a su viejo amigo, Yosef. El coronel Biton había sido además agente del Mossad.

—David, quizás sería conveniente hablar con ellos. Tengo la impresión de que el segundo hombre intenta evitar que el terrorista haga estallar el chaleco explosivo. Puede que sea nuestro as en la manga. Propongo que enviemos a alguien a negociar, o al menos a saber que está pasando antes de que mandemos a la «caballea». Si quieres me encargo yo.

—Está bien, Yosef. Tienes una hora para hacerlo a tu manera. Suerte.

Yosef cog un megáfono, avisó a los soldados de su unidad de que iba a acercarse con todas las precauciones al portal donde se habían escondido los dos hombres, y dio instrucciones a los francotiradores de que si levantaba el megáfono por encima de su cabeza disparasen a los dos individuos. Cuando se estaba acercando a la sinagoga, ya la estaban evacuando. A una distancia prudencial del portal se llevo el megáfono a la boca.

Soy el capitán Levi. Estoy al mando de este operativo y quiero que salgan a la calle con los brazos en alto. Nadie les hará daño si siguen mis instrucciones.

Ismail. Creo que debemos hacer lo que nos pide, de lo contrario nos matan a los dos.

—Nos van a matar igualmente, al menos a mí, y si me matan morirás por la explosión.

—Entonces deja que salga yo.

—Haz lo que quieras, pero ya te lo he advertido —protestó Ismail.

 

Para leer el resto del primer capítulo, hagan click aquí o para comprar el libro completo aquí.



¡Espero les haya gustado!


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